El incendio de Gran Canaria ha afectado a varias áreas protegidas de alto valor ecológico  

  • Hasta cuatro áreas protegidas distintas se han visto afectadas por el fuego, que en su conjunto ha quemado 1.500 hectáreas de territorio insular.
  • Las áreas afectadas son el hábitat de un buen número de especies singulares de avifauna, y el fuego ha quedado muy cerca de la población del endémico pinzón azul situada en la cumbre de la isla.
  • SEO/BirdLife insta a las administraciones competentes a identificar con rigor el impacto real del siniestro sobre las áreas protegidas y sobre las especies que en ellos habitan, para poner en marcha medidas concretas encaminadas a acelerar el proceso de restauración de las zonas quemadas.

El pasado martes 13 de agosto de 2019, a las 20h30 se daba por estabilizado el incendio iniciado el sábado 10 de agosto y que ha afectado a los municipios de Tejeda, Artenara y Gáldar en la isla de Gran Canaria. El Gobierno de Canarias estimó la superficie afectada en unas 1.500 hectáreas en un perímetro aproximado de 23 kilómetros, en la zona central de la citada isla.
Aunque aún no se han ofrecido datos oficiales acerca de la superficie protegida quemada por el incendio y es pronto para evaluar el impacto global del mismo, los siguientes espacios se habrían visto afectados: Zona Especial de Conservación (ZEC) de la Red Natura 2000 El Nublo II, Paisaje Protegido Las Cumbres, Parque Rural Nublo y la Reserva de la Biosfera de Gran Canaria.

“Estas áreas son el hábitat de un buen número de especies singulares y han sido identificadas y protegidas por el alto valor ecológico de los ecosistemas que contienen. En ellas podemos encontrar, por ejemplo, especies como cernícalos, gavilanes, currucas, picos picapinos, pinzones, petirrojos, mosquiteros o reyezuelos, entre otras, siendo algunas de estas especies o subespecies endemismos exclusivos de Canarias o de la Macaronesia. Por otro lado, en la cumbre de la isla también encontramos un núcleo poblacional de pinzón azul de Gran Canaria, la especie de paseriforme con la población más pequeña de todo el Paleártico occidental, muy amenazada y con unas densidades preocupantemente bajas. De hecho, el incendio habría pasado muy cerca, a menos de 5 km de dicha población”, explica Yarci Acosta, delegado de SEO/BirdLife en Canarias.

“Ante esta situación, en primer lugar, debemos recordar que el fuego es una perturbación recurrente a la que se enfrentan, regularmente, los ecosistemas de Canarias desde mucho antes de la llegada de los humanos. Sin embargo, ni la frecuencia con que se producen los incendios en la actualidad es natural, ni el estado de conservación de la biodiversidad canaria favorece su capacidad de afrontar estas perturbaciones con garantías de supervivencia”, matiza Acosta. En otras palabras, se producen más incendios que antes y los ecosistemas, en general, son más vulnerables a ellos puesto que su estado de conservación es peor. De igual modo, los incendios suponen la pérdida del hábitat de muchas especies, siendo esta una de las principales amenazas que afecta a la biodiversidad en el conjunto de las islas Canarias.

Recuperación del ecosistema
SEO/BirdLife quiere mostrar su reconocimiento a todo el personal que ha participado en la extinción del incendio. Igualmente, la ONG insiste en la importancia de extremar las precauciones por parte de la ciudadanía, así como poner en marcha una política de gestión forestal que tenga en cuenta este tipo de amenazas.

Pasada la situación de emergencia, es obligado identificar con rigor el impacto real del siniestro sobre las áreas protegidas y sobre las especies que en ellos habitan, para poner en marcha medidas concretas encaminadas a acelerar el proceso de regeneración natural de las zonas quemadas, prestando especial atención al estado de conservación de las especies singulares que habitan dichos espacios, así como a la importancia de evitar la desaparición del suelo.

Así mismo, resulta de vital importancia canalizar adecuadamente la solidaridad de la población canaria expresada en el deseo de colaborar en la restauración de los ecosistemas afectados, de manera que las buenas intenciones no generen en impactos negativos fruto de la falta de coordinación de estas tareas que requieren un conocimiento técnico.

 

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