El mundo grita emergencia y los gobiernos se tapan los oídos

  • La Cumbre del Clima ha concluido en Madrid in extremis con un acuerdo que no asume el principal reto que tenía por delante: aumentar la ambición para dar respuesta a la emergencia climática en línea con las indicaciones científicas.
  • El Artículo 6, que regula los mercados de carbono y los mecanismos de desarrollo limpio, se ha pospuesto para la siguiente cumbre que tendrá lugar en Glasgow, lo cual sería positivo si no persistieran los intentos de algunos países de mal utilizarlo.
  •  También se han aplazado aspectos importantes como el refuerzo de la financiación para el Fondo de Adaptación, para el Fondo Verde para el Clima y la creación de otro para el Mecanismo Internacional de Varsovia sobre pérdidas y daños.
  • La declaración final incluye avances con la aprobación de Plan de Acción de Género. También cabe destacar el enorme esfuerzo de pequeñas naciones que han apostado por la integridad climática frente a las pretensiones de países como EE UU y Brasil de bloquear el Acuerdo de París.
  • Las movilizaciones masivas de la sociedad civil han marcado un punto de inflexión en la lucha climática, que muestra la separación entre los gobiernos y la ciudadanía en defensa de un presente y un futuro habitables.
  • Las organizaciones representantes de la sociedad civil dentro de la cumbre, entre ellas Ecologistas en Acción, han terminando su participación en la sesión plenaria con la declaración: “Esta COP ha fallado a las personas y al planeta. Poder del pueblo, justicia climática”.
  • En esta nota se incluye una valoración general de los resultados y se anexa una evaluación de cada uno de los puntos más relevantes de las negociaciones.

La 25.º Cumbre de la Partes de la Convención Marco de las Naciones Unidas para el Cambio Climático (COP25) estaba prevista realizarse en Chile pero se trasladó a Madrid a última hora debido a las protestas sociales y posterior represión del Gobierno chileno. Este encuentro se concebía como una cumbre para la ambición. Es decir, un espacio para conseguir que se avanzara en la toma de compromisos reales en la lucha contra la emergencia climática. Se trataba de concretar el insuficiente Acuerdo de París, porque tal y como evidencia la comunidad científica, este pacto global parece incapaz de mantener el incremento de la temperatura del planeta muy por debajo de los 2 ºC y a ser posible en 1,5 ºC.

La ambición esperada en Madrid se tenía que concretar en tres aspectos fundamentales: calendario de presentación de nuevos compromisos, el proceso que se llevará para ajustar los compromisos en la próxima cumbre, y una señal por parte de la Presidencia de la necesidad de aumentar la reducción de las emisiones y de sacar adelante la la financiación.

Esta COP25 no ha sido capaz de lograr que se mantengan los plazos previstos que obligan a los países a depositar sus nuevos compromisos bajo el Acuerdo de París durante el primer semestre de 2020. Esto habría facilitado que en la próxima Cumbre del Clima (COP26 en Glasgow) se pudiera forzar a la comunidad internacional a que cumpliera con las indicaciones científicas. En lugar de eso, se ha vuelto a publicar una declaración más simbólica que operativa (que permite publicar los compromisos nacionales en la segunda mitad del 2020) para intentar paliar la decepción que las decisiones de esta cumbre han provocado en toda la sociedad civil.

Las negociaciones durante estas dos semanas han sido muy difíciles y han tenido numerosos escollos. Cada vez es más evidente cómo la división entre las posturas de los países provoca tensiones que terminan reduciendo los objetivos del Acuerdo de París. Prueba de ello es que el acuerdo final se ha cerrado más de un día y medio después de la fecha prevista, cuando algunos países pequeños y empobrecidos ya no estaban presentes, algo que les ha restado capacidad de influir en las negociaciones.

Asimismo cabe destacar dos hechos que resultan inadmisibles: por un lado, el papel de los países más contaminantes (como EE UU, Arabia Saudí, Brasil o China) con sus bloqueos permanentes en muchas de las discusiones y su falta absoluta de ambición. Por otro lado, el cuestionamiento al lenguaje de los derechos humanos en todos los grupos de trabajo. Salvaguardar y respetar la Carta de los Derechos Humanos es un mínimo obligado que las Naciones Unidas no deberían cuestionar bajo ningún concepto.

Como resultado final, nos encontramos con un acuerdo débil, que ha aplazado debates importantes y que no ha sido capaz de arrancar compromisos ambiciosos a ninguna de las partes. La incapacidad de aprobar el Artículo 6 es una prueba de ello. Aunque el bloqueo sobre este punto se ha vivido como un fracaso en las negociaciones, para Ecologistas en Acción no lo es, ya que tanto mercados de carbono como mecanismos de desarrollo limpio son herramientas que no benefician a la justicia climática y social.

Entre los temas que se han aplazado para siguientes reuniones, destacan las cuestiones relacionadas con la adaptación, ya que la falta de rendición de cuentas de algunos países sobre sus planes de adaptación impide la adopción de acuerdos. Un bloqueo al que tanto el G77 y China como la UE juzgan como una decepción que mina la confianza en el proceso de negociaciones. Asimismo, se han pospuesto el papel de la agricultura dentro de la lucha contra el cambio climático y la contabilidad de las emisiones del transporte marítimo y aéreo.

Una vez más, la COP25 ha obviado la necesidad de echar a los grandes contaminadores de estas cumbres. Es más, ha permitido que a través de patrocinio la Cumbre del Clima se haya convertido en escaparate donde lavar de verde a las empresas responsables de la degradación climática, obteniendo además acceso a políticos y negociadores.

Resulta inaceptable que se permita a las grandes empresas petroleras, de aviación civil y marítima, mineras y eléctricas, seguir condicionando la ruta de descarbonización de la economía. Solo una correcta planificación que consiga transformar el sistema productivo para lograr una drástica reducción de emisión de GEI podrá frenar la emergencia climática.

Por todo ello, Ecologistas en Acción se ha sumado a la conclusión final de las plataformas de la sociedad civil dentro de la Cumbre del Clima: “La COP25 ha fallado a las personas y al planeta. Poder de la gente, justicia climática”. Según ha declarado la Climate Action Network, “nunca se había visto una desconexión tan grande entre la ciencia y las demandas de la gente con los debates y las propuestas de los gobiernos”.

A pesar del resultado tan decepcionante de esta Cumbre del Clima, la sociedad civil no desiste de su camino. La valoración de las masivas movilizaciones sociales son, además, esperanzadoras. Javier Andaluz, responsable de Clima y Energía de Ecologistas en Acción, ha declarado: “Tal y como se ha visto, la presión social ha conseguido que para algunos países sea imposible salir de esta cumbre con un mal acuerdo que desoiga el grito ciudadano de los últimos meses. Vamos a seguir saliendo la calle para demandar que se haga caso a la ciencia y seguir demandando justicia climática”.

Nuria Blázquez, responsable de Transporte de Ecologistas en Acción, ha añadido: “Por nuestro futuro pero también por nuestro presente, y por el presente de miles de personas del Sur Global -especialmente poblaciones rurales e indígenas- que son quienes menos han contribuido a generar esta situación y quienes ya la están sufriendo de manera grave. El año 2020 se ha declarado el año de las movilizaciones climáticas y así va a ser. No tenemos alternativa, tampoco tenemos Planeta B”.

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